Al límite

Tengo un amigo que ha siniestrado varios coches y motos, el último hace menos de un mes, estampó su audi en la ronda de dalt, reventaron todos los cristales y una rueda se escapó como en la Fórmula 1. El coche, vendido a un chatarrero por 500 euros, dio un giro de 180º, y vino un conductor a socorrerle. “Tranquilo, soy voluntario de la Cruz Roja, ¿me dejas romperte la camiseta?”, “hombre, si no hace falta no”, respondió todavía aturdido por el golpe.

Mi amigo es capaz en un mismo día de despertar en Sabadell, hacer submarinismo en Sant Feliu, ir a una boda en Lleida y acabar en el Row 14 de Viladecans, además de perder la cartera y ser detenido por posesión de marihuana. Al día siguiente puede despertar y cocinar una paella para 14 personas, irse a ver el básket a badalona y a las once de la noche llamarme para rematar el domingo. En su coche, cuando tenía, ponía Enrique Morente cantando Manhattan a todo trapo, y tiene un traje blanco.

Necesita el movimiento, la velocidad y el riesgo. A mí me encanta escucharle y saber de sus líos porque me relaja, a mí, que soy miedoso, vago y perezoso, que necesito tenerlo todo controlado, él me equilibra, porque es todo lo contrario. Cualquier día de estos se va a matar, y habrá quién piense que deberíamos haberle convencido para que frenara el ritmo, pero es imposible, va contra su felicidad.

Algo parecido le pasa a Frank Cuesta, la nueva estrella de Cuatro, profesor de tenis en Bangkok y cazador de serpientes. Decía hoy Víctor Amela en Arucytis que en estos tiempos de televisión extrema “la gente quiere ver personas que están fuera de los cánones, y este hombre está muy fuera”. Frank de la Jungla es un tipo que va por la selva tailandesa cazando cocodrilos en sandalias de goma rosas y con un porta raquetas como mochila. Ojo, que los caza con las manos.

Ha estado en coma por picaduras de serpiente dos veces, y un periódico de Bangkok organizó un concurso para adivinar cuándo moriría, nadie pronosticó que duraría tanto. Frank Cuesta es un loco, un insensato que en la peor cueva del mundo ve una serpiente comiendo un murciélago y se va a por ella para desesperación de su cámara y productor. Sus dos compañeros de rodaje reciben un palo detrás de otro, tantos como mordiscos se ha llevado en el primer programa, porque él es un inconsciente pero va acompañado. En Facebook hay un grupo que se llama “Queremos que no muera Santi, el cámara de Frank de la Jungla”. Ha nacido una estrella, mi nuevo ídolo.

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