El invierno de verdad y la serie del año

Llevo tres días en Pristina, es mi tercera visita, las dos anteriores fueron en verano. Ayer por la tarde estaba trabajando desde una cafetería con wifi y al volver al apartamento en el que vivo me encontré en una situación tragicómica. Resulta que aquí la temperatura no pasa de 0ºC y en las calles hay nieve, hielo y barro. Lo peligroso es el hielo de algunas esquinas y escalones.

Al salir del café y enfilar el paseo de vuelta sentí que mis pies resbalaban sobre el hielo. Y recordé una absurdez que tuvo lugar en Noruega hace varios años. De excursión a un glaciar con mi amigo Roger, se me ocurrió adentrarme con bambas. No me di cuenta del peligro hasta que oí los gritos del montañero que estaba de guardia. Solo avancé tres metros para hacerme una foto y, al girar sobre mí mismo para volver, noté la inestabilidad absoluta de mis pasos, así que me senté y salí del glaciar arrastrándome de culo.

Para más inri, mientras patinaba y recordaba este episodio, estaba sufriendo uno de los mareos que padezco desde hace varios meses y que los médicos, por descarte, atribuyen a la ansiedad. Así que me divertí pensando que la forma más segura de volver a casa sería gateando. Total, aquí no me conoce nadie y más de uno se partiría de risa, que es una de las mejores cosas que se pueden hacer por los demás.

Al llegar al apartamento estaba echando un vistazo a los premiados en los Globos de Oro. La serie ganadora ha sido Homeland, y Natyra, que es la razón por la que me encuentro en Kosovo, me ha preguntado si estaba de acuerdo. Le he dicho que me parece comprensible. Es una buena serie, pero si de mí dependiera, la mejor serie del año, sin ninguna duda, sería The Shadow Line.

Porque Homeland es muy entretenida, como Game of Thrones, o The Killing, y Downton Abbey es bonita, pero The Shadow Line es una locura. Es quedarse con la boca abierta y aplaudir en mitad de un episodio. Yo lo hago, y digo bravo. Bravo por Hugo Blick, guionista, director y productor. Un hombre, entre cuyos hitos, destaca por haber sido el joven Joker que mataba a los padres de Bruce Wayne en el Batman de Tim Burton.

Es una obra maestra, la serie negra definitiva, donde una escena, solo una, ya es un mundo.

The Shadow Line es una historia de policías y gángsters, complicada. Hay partes que sigo sin entender, pero qué más dá, otro motivo para verla de nuevo.

Me fascina el uso del sonido, lo impredecible, las interpretaciones, ese chalado llamado Jay Wratten… Y los títulos de crédito, con una de las canciones más bonitas que se han escrito en mucho tiempo:

Es una serie para minorías, no saldrá en los rankings, o tardará, pero ya es un nuevo clásico.

Carnivàle, la mejor serie desconocida de HBO

En 1990 Daniel Knauf trabajaba de agente de seguros médicos en Los Angeles. Estaba tan aburrido que empezó a escribir un guión, lo tituló Carnivàle. En aquella época ya tenía una visión completa de la historia, escribió 180 páginas, el doble de un película, pero sabía que no llegaría a ningún sitio. Todos sus intentos por llegar a Hollywood fueron rechazados. A mediados de los noventa conoció a varios guionistas que le animaron a transformar Carnivàle en una serie de televisión. Y escribió el piloto, pero como no tenía contactos en la televisión dejó el proyecto y volvió a su trabajo.

Lo intentó de nuevo ofreciendo el piloto desde su página web. Un amigo hizo llegar el guión al productor Howard Klein, y éste se lo envió a Chris Albrecht, presidente de HBO. Aceptaron la propuesta. Knauf, debido a su inexperiencia en televisión, trabajó bajo el control de Ronald D. Moore (Star Trek), quien abandonaría la serie un año después para dedicarse a Battlestar Galactica.

El rodaje del piloto duró 21 días. No había nada claro, guionistas y productores no se ponían de acuerdo, y hasta 14 meses después no filmaron el segundo episodio. Se incorporaron nuevas tramas y personajes.

Ambientada en la Gran Depresión de EEUU, Càrnivale es una historia sobre el bien y el mal a través de un grupo de feriantes y de un ministro de la Iglesia Metodista. Fue el estreno más visto de la HBO hasta la fecha con 5,3 millones de espectadores. La audiencia del último episodio se redujo a la mitad.

La idea original de Knauf era de seis tempordas, pero se canceló repentinamente al acabar la segunda. Los motivos eran su baja audiencia y, sobre todo, que era carísima. Ambientar una feria itinerante en los años 30 les costaba 4 millones de dólares por episodio. A Deadwood y Roma les pasó algo parecido.

El fin de semana en que se canceló, los seguidores enviaron 50.000 emails a HBO. Además, al no poseer los derechos de la historia y los personajes, Knauf no pudo continuar la historia y cerrar la trama por otros medios.

El problema de Càrnivale es que era demasiado oscura e inquietante para que hubiera un gran público, incluso de HBO. Los críticos decían que era más complicada que Twin Peaks, pero lo único que tienen en común ambas series es el enano, Michael J. Anderson, y que es probable que Daniel Knauf necesitara un contrapeso a su locura creativa, como tuvo David Lynch en Mark Frost.

Càrnivale ganó cinco Emmys relacionados con la dirección artística. Incluso contó con los directores estrella de la casa: Rodrigo Garcia (Six Feet Under), Tim Hunter (Mad Men), Jack Bender (Lost), Jon Patterson (The Sopranos)… Con mejores guionistas hubiera durado más tiempo, o quizás no, pero la serie ya no existe ni en la web de HBO. Daniel Knauf no ha vuelto a trabajar de agente de seguros, pero tampoco ha tenido demasiado éxito en sus proyectos posteriores para televisión. Càrnivale quedará como una joya, tan extraña que nadie la quiso.

En Spotify: Càrnivale, música original de Jeff Beal (Home Box Office, 2004)

Una tarde en el rodaje de Perestroika, la serie

Suena el teléfono, es Aitor. “¿Qué tal tío? Oye, ¿quieres salir en Perestroika haciendo de DJ?” No tengo nada mejor que hacer, pienso. “Vale, pues este finde grabamos, tú tienes mesa de mezclas, no?”

Son las cuatro de la tarde del sábado, me siento en una esquina e intento pasar desapercibido. Están grabando escenas de una fiesta, hay veinte personas bailando al ritmo de las palmas de Aitor. Se me acerca una chica, “¿tú no bailas?” No, respondo. Mira el mezclador que tengo al lado. “Ah, eres de sonido”. No, soy el DJ. Me mira extrañada, no entiende nada. Yo tampoco.

Perestroika es una serie creada para Internet por Aitor Gutiérrez, Raúl Navarro, Jon D. Domínguez y Sergio Sarria.

Raúl es el protagonista, su objetivo es acostarse con todas las mujeres posibles, y sus amigos, Cristina y Miguel, lo acompañan y sufren en el intento. “Nunca han existido reuniones para crear la serie, siempre hablábamos de ella cuando estábamos borrachos en algún sitio. Un día decidimos apuntar anécdotas que nos ocurrían y cuando vimos que teníamos muchas y buenas decidimos empezar a escribir”. Tienen suficientes, doy fe, en una posfiesta reciente se montó un conflicto político-sexual entre nacionalismos y novias de amigos, que es la última moda en tanganas.

En una pausa salimos a fumar. Aitor vuelve a la carga: “Oye, vas a decir una frase, vale?” Claro, cómo negarme. Creo que se la acaba de inventar. Volvemos dentro. Sigue el rodaje, Raúl está a punto de caer, todos ríen, se levanta y dice que se parece a Powder, aquel albino con poderes. Ha destapado un filón. Director, cámara y actor encadenan una broma detrás de otra, pobre Powder, mientras los figurantes esperan que griten acción. No pueden evitarlo, primero está el gag, y después todo lo demás.


Grabando en la Ciutadella en Perestroika 1×01

“Perestroika en sí es absurdo. No es como hacer un cortometraje que lo preparas durante dos o tres meses, lo grabas y lo mueves por festivales. Perestroika requiere hacer un trabajo con la exigencia de un cortometraje, pero con la diferencia de que se graba cada mes. Lo mejor de todo es que no sabemos muy bien por qué ni para qué”, explica Aitor Gutiérrez, director de la serie. Para Cristina Gallego, actriz protagonista, lo mejor de Perestroika es “que el trabajo realizado es directamente proporcional a la diversión, cachondeo o jarana que luego te espera”. ¿Cómo te convencieron para colaborar? “Me emborracharon (muy severo) en la primera reunión, el día que los conocí”.

Han pasado seis horas, sigo sentado. Llega mi turno. Hasta ahora mi experiencia como actor se basa en hacer de juez de Sócrates en una obra del colegio (subía nota) con una túnica y chanclas Nike. En la primera escena gritaba ¡Heliastas de Atenas! No recuerdo más. En la universidad, por aburrimiento, hice de animador de fiestas en “Sueño de una noche de verano”. Como era el que tenía menos frases me pusieron de apuntador. En mi segunda y última aparición en el escenario se me cayó un plafón del decorado y pasé el resto de la escena con la mano levantada, como saludando, mientras lo aguantaba. Pero volvamos a Perestroika.

Viene la chica que antes me preguntó si bailaba o era de sonido, es la maquilladora, ato cabos. Me peina las cejas y me distraigo pensando si esto debería incorporarlo a mi acicalado diario. Digo mi frase cuatro, cinco o seis veces, lamentable, no creo que lo puedan aprovechar. Volvemos fuera, uno de producción le explica a Aitor que ha venido un ayudante de dirección, que se lo ha presentado y no le ha hecho caso. “No jodas, ¿quién era?” Uno que has puesto a bailar.


Mikel Urmeneta, Aitor Gutiérrez, Jon D. Domínguez, y Cristina Gallego, en Perestroika 1×02

En Perestroika nadie cobra, todos son amigos de amigos, hay buen rollo, pierden pasta, tienen que divertirse. El curro está en ir uniendo piezas y en la cantidad de horas que dedican. Lo explica Raúl: “Cada capítulo me roba 5 años de vida. Por lo demás, sigo siendo el mismo chaval humilde que un día salió del pueblo para conseguir, con esfuerzo, sacrificio y 500 millones de visitas en YouTube, dispararse a Scarlet Johansson“.

“Perestroika es bastante diferente a los otros curros que he tenido. Sobre todo teniendo en cuenta que hasta la fecha casi siempre había trabajado como camarero”, habla Miguel Esteban. “Al principio me preocupaba Aitor, por aquello de que nunca había trabajado a las órdenes de un esquizofrénico zurdo disléxico con labio leporino. Pero tengo que decir que está siendo una experiencia maravillosa”.


Raúl, Aitor y Jon

Son las diez de la noche, acaba el rodaje por hoy. Cuelgan el segundo episodio, nos encanta, van a más, se están soltando, van por donde quieren. Aplausos. Brindan con un melón lleno de ron. El martes a las doce de la noche estrenan el tercer episodio: Man on Fire. Sigue el gag.

Perestroika 1×01 Promesas del Este
Perestroika 1×02 Goodbye Lenin
Perestroika 1×03 Promo

FlashForward mientras llega Lost

Esta noche Cuatro estrena la primera temporada de FlashForward. Desde hace unas semanas se comenta que tiene conexiones con Lost o que es la serie que viene después de Lost. Hasta se ha publicado una lista de coincidencias tan ridículas entre una y otra como que sale un 4 y un 16, o que en un plano hay naranjas (la sonrisa de Locke). Lo único cierto es que esta serie es posterior a cinco temporadas de Lost y se reconoce su influencia, a veces de forma descarada. FlashForward se basa en un libro de Robert J. Sawyer.

A un fan de Lost le diría que FlashForward es como Lost pero sin la isla, como si sólo viéramos la parte de los flashbacks. Y a los que nunca han visto Lost y no tienen nada mejor que hacer, que la miren, que se van a entretener. Cuatro deja seleccionar audio en versión original.

Estas series de entretener suelen chirriar en cuanto entran en terreno sentimental, no es el caso. Los actores, no sólo protagonistas, y el guión cumplen. Y se plantean algunas cuestiones interesantes, más allá de la intriga, que la hacen diferente al producto medio de este tipo.

Los creadores de la serie antes fueron productores y/o guionistas en 24, Star Trek, Batman begins (malísima), The Dark Knight (buenísima) o Battlestar Galactica. Es un batiburrillo pero les ha salido algo interesante. He visto los dos primeros episodios, y en esta división de series (al margen de HBO), es la mejor opción con diferencia, mientras llega la última de Lost.

Actualización 12/10/09:

Después de ver FlashForward s01e03 empiezo a dudar. Los minutos de relleno son bastante ridículos, tampoco me convence cómo avanza la trama. En un par de episodios veremos…

FlashForward en Imdb

True Blood

Después de los policías de Farmington y de Baltimore, del Nueva Jersey de Los Soprano, de Ben Linus en Lost, Al Swearengen en Deadwood, Teodoro en Sona, Tito Pullo en Roma, y Don Draper en Manhattan. Después de todos ellos aparece Sookie Stakhouse, de Bon Temps, Louisiana, camarera con poderes telepáticos que conoce a Bill Crompton, convertido en vampiro durante la Guerra de Secesión.

Alan Ball (Six Feet Under) adapta para esta serie de HBO los libros The Southern Vampire Mysteries de Charlaine Harris. Una historia de vampiros que coexisten con humanos, ambientada en un pueblo ficticio de Louisiana. A Ball sólo le faltaba utilizar la magia para recrear sus ensoñaciones. También hay oscuridad en los cuentos de Harris. Pero en ese disparate de vampiros y sureños la tragicomedia es más  divertida, y así siempre hay una posibilidad de que las cosas vayan bien. “Sometimes good shit happens” (Jason Stakhouse 1×11).

Gary Calamar es el responsable de la música, su idea era “crear algo pantanoso, bluesy y siniestro”, dice la Wikipedia. Hay varios wikis y webs que recopilan las canciones de los capítulos. He seleccionado algunos temas en este playlist de Spotify*. Hay grupos de Louisiana, y clásicos viejos y modernos, blues, rock, country y folk de carretera, este último no es precisamente mi especialidad pero si viviera en Bon Temps lo escucharía en la radio del coche:

Playlist

Girlfight – Southern Culture on the Skids
I’m a king bee – Slim Harpo
From a whisper to scream – Allen Touissant
Golden Age of Radio – Josh Ritter
Far, far away – Wilco
Red eyes and tears – Black Rebel Motorcycle Club
Half of you – Cat Power
Just like heaven – The Watson Twins
Sweet Jane – Cowboy Junkies
The fourth man in the fire – Johnny Cash
A fool in love – Tina Turner
Wichita Lineman – Glen Campbell
Karagyyraa – Huun-huur-tu
Bad things – Jace Everett

* Spotify es una aplicación para escuchar música online y compartir playlists. Sólo puede utilizarse si te invita un usuario, o pagando, pero puedes dejar tu email al hacer clic en get started y en varios días te envían la invitación.

Mad men

“A mí me basta con la recreación del Nueva York de esa época. Sentimentalmente mi Nueva York es ése. Los años cincuenta, primeros sesenta. Para mí el mundo empieza a estropearse a partir de 1968 con esa libertad y ese descontrol”, le dice Enric González a Carlos Boyero. “Empatizo más con estos pirados machistas, tabaquistas, alcohólicos. Prácticamente ninguno de los personajes es salvable, lo cuál augura un futuro interesante”.

Escrita por Matthew Weiner, guionista y productor de las últimas tres temporadas de los Soprano, Mad Men se ambienta en una agencia de publicidad en Manhattan, cuando Ervin Drake escribía “It Was a Very Good Year”.

Hace unos días vi El apartamento, de Billy Wilder, y me ocurrió lo mismo que con Goodfellas (Uno de los nuestros) y los Soprano. En esta última es más evidente, pues varios actores de la serie ya trabajaron en la película de Scorsese, como Lorraine Braco, protagonista de Goodfellas junto a Ray Liotta, y psiquiatra de Tony Soprano, o Michael Imperioli (Chris Moltisanti), que incluso homenajea en la serie su papel en la película. Ambas, El Apartamento y Goodfellas, pueden ser la base del imaginario que Mad Men y Los Soprano, respectivamente, convierten en propio.

Mad Men recupera, también, el sueño americano de Alan Ball (American Beauty), pero desde el lado de los que sobreviven, en casa y en la oficina. No sería demasiado osado, tampoco, reconocer la influencia de Six Feet Under, en la manera de explicar algunas cosas, las más emocionantes. Le preguntan a Matthew Weiner si el matrimonio está condenado al fracaso:

Drama is not based on contentment, so maybe it’s artificial. But I do take things from my own marriage. I do take every sort of insecurity and weakness that I can and put it in. There’s a lot of my life in there. I don’t think marriage is untenable.

Mad men es Manhattan, la infidelidad, la liberación sexual, la campaña de Nixon, la victoria de Kennedy, Exodus, el lema de Lucky Strike, John Coltrane, Salvatore Romano, “A beautiful mine” de RJD2, el carrusel de Kodak, Joan Holloway, los cocktails, y la música:

Julie Moon – Flight me to the moon

[audio:http://domainmo.com/music/flv3/0815/Julie_Londonx-xFly_Me_To_The_Moon.vkm%5D

The Shield

A mi amigo Richard le gustan las armas, las persecuciones, los justicieros y los policías, de hecho le gustaría ser policía pero no puede. Cuando estudiábamos fuímos al cine varios miércoles, una semana elegía él, y otra yo, él escogió Blade II y SWAT. Me parecieron horribles, especialmente Blade II, de Guillermo del Toro, fue la vez que lo he pasado peor en un cine, seguida de El Laberinto del Fauno, del mismo director. Las películas que yo escogí eran tan buenas que ni me acuerdo. Pero tras años de desencuentros hemos coincidido en la misma serie, The Shield.

Ambientada en Farmington, un distrito marginal de Los Angeles, The Shield es una serie policiaca inspirada en la propia experiencia de su creador Shawn Ryan y su interés por mostrar la violencia de la ciudad. Producida por FX, The Shield es una de las series más cercanas al nivel de las producciones de HBO (The Sopranos, The Wire…), aunque más macarra. Además de una trama principal por temporada, en los episodios se suceden subtramas de la actividad policial y personal de sus personajes. No tiene más complicación, el guión es ágil y tiene un estilo propio. Explica Shawn Ryan, por ejemplo, que utilizan la cámara al hombro para que el espectador participe de la acción, además de imagen con grano y planos desenfocados. A veces, incluso, no dan instrucciones a los cámaras para que sean ellos quienes improvisen en función de la acción, o cambian el guión sin avisarles. También es importante en The Shield el sonido de ambiente de la calle y las localizaciones. Cuenta el productor Scott Brazil que cuando van a una localización, si es perfecta saben que no es para The Shield. Intentan ser realistas y buscan lo espontáneo de las situaciones, grabando con extras improvisados, como un payaso de feria borracho que se coló en el plano, o con policías reales, como en una escena memorable en la aduana de Mexico con funcionarios auténticos. Por decisión de su creador no aparecen policías comiendo donuts.

Vick Mackey es el protagonista de la serie, jefe del equipo de asalto, corrupto, capaz de tirarse de cabeza contra una valla de madera persiguiendo a un sospechoso que la acaba de saltar. Aunque hay varios personajes igual de interesantes, como David Aceveda, aspirante latino a la alcaldía de la ciudad e inspirado en el actual alcalde de Los Angeles, Antonio Villaraigosa; Dutch Wagenbach, divorciado de mediana edad, nacido en el medio-oeste y frustrado sexualmente, especialista en el análisis psicológico de los asesinos en serie; y John Kavanaugh, protagonista absoluto de la 5ª temporada e interpretado por un Forest Whitaker enorme, memorable, y tan inquietante como divertido:

Prison Break (tercera temporada)

Prison Break empezó como una serie de intriga, original en el planteamiento, pero que fue perdiendo intensidad a medida que avanzaba, sobre todo a partir de la segunda temporada. La tercera ya es un despiporre. Entiendo que no es intención de los guionistas hacer una serie de humor, pero están cerquísima de la parodia. ¡Ojo! No es habitual que haya productos de un entretenimiento tan ligero y divertido, y que no sólo se deje ver sino que enganche lo suficiente como para ver la temporada en un par de días, o en uno, si se está muy aburrido. Yo prefiero espaciarlo en cuatro o cinco, y he hechado de menos doce episodios más, como en la anterior temporada.

Entre otras cosas, no consigo entender -sepa el lector que la serie se ambienta en Panamá- por qué los diálogos entre latinos están escritos por alguien que tiene poca idea de español. Por muchas diferencias que haya, ahorrar artículos o preposiciones en diálogos de dos frases es excesivo. Respecto a los personajes, Scofield sigue con su cara única, sea cuál sea la situación, que es la de tramar algo, su hermano Linc está más tonto y más perdido que nunca y Sucre… Sucre sólo tiene ojos para “Maricrús”. Con este panorama brillan, y de qué manera, dos personajes, Alex Mahone, que cada día tiene más de caballero oscuro, y Theodore Bagwell (en la imagen), conocido como T-Bag, o simplemente Teodoro, capaz de alcanzar la plenitud en el arte de la interpretación con sólo tres palabras: “Lechero” y “Sí, patrón”.

The Wire (primera temporada)

Se ha escrito y hablado mucho de esta serie, antes incluso de que la emitieran en el Plus o se publicara el DVD, con frases como “es la mejor serie de la historia” o “ha superado a los Soprano“. No creo que llegue a tanto, pero solo porque los Soprano juegan en otra divisón. El resto de piropos sí puede hacer justicia. The Wire es una serie de polis ambientada en Baltimore, Maryland. En la primera temporada el tema central es la droga pero en las siguientes es la burocracia, el sistema escolar o la prensa. En palabras de su creador, David Simon, periodista que llevó la sección de homicidios para el Baltimore Sun, The Wire es un retrato cínico sobre las instituciones mientras se aproxima a la humanidad de los personajes. Todo está podrido: policías, jueces, fiscales, abogados, políticos… Y es en este modelo de ciudad americana donde la serie se detiene en la realidad de cada uno, a todos los niveles, desde el juez corrupto hasta el confidente yonky.

Formalmente The Wire es impecable e incomparable, de ahí los elogios por su singularidad. El guión es excelente y más que la trama, lo interesante es dónde se detiene para explicar la historia y cómo lo hace. Sabemos que no está descubriendo nada pero el modo en el que nos acercamos a esa realidad es tan entretenido como revelador. Y exportable, porque en el fondo sólo hay seres humanos.

La única serie de policías que he seguido con interés es The Shield, y me ha sorprendido comprobar cuántos elementos en común tiene con The Wire (de hecho hay partes de la trama calcadas). Pero hay algunas diferencias que pueden ser útiles para comprender el planteamiento de esta última. The Shield es cámara al hombro y la adrenalina de la calle, correr, perseguir, zurrar, ahora un secuestro, ahora la droga, “mi vecino es un terrorista”, un violador múltiple, las peleas entre negros y latinos, etc… Toda esta energía y velocidad, en The Wire es quietud y silencio. Y una reunión en el despacho del major que acaba con una reverencia y un gentlemen concentra más intensidad que cualquier escena de acción.

The Wire en la Wikipedia y en HBO
Reportaje de Canal + con la opinión de Carlos Boyero y Enric González, entre otros.

Mark Frost y el sentido de Twin Peaks

Mark Frost es escritor, guionista y productor. Este año ha publicado Segundo Objetivo (Ediciones B, 2008), una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial, pero Frost es reconocido, o debería serlo, como coautor, junto a David Lynch, de Twin Peaks. Ante la curiosidad por qué narra uno de los creadores de la serie, me pregunto qué elementos en común tendrá con Twin Peaks. La respuesta es ninguno. Segundo Objetivo es un thriller impecable, una historia de intriga sobre nazis que se infiltran en las líneas aliadas en el último intento de Hitler antes de perder la guerra. La novela tiene un planteamiento claramente cinematográfico, como demuestra su forma de presentar los personajes, entrelazar las tramas y plantear las escenas para el desarrollo de la acción. En esta novela todo tiene una explicación, los acontecimientos se suceden con clara vocación de thriller sin los excesos o carencias que estos suelen tener. Su literatura es sobria, sin apenas adornos, y el peso del argumento y su recreación histórica son más importantes.

Por lo tanto, ¿Quién es Mark Frost? Y sobre todo, ¿Cuál fue su papel en el desarrollo de Twin Peaks?

Mark Frost se hizo un nombre en televisión durante los tres años que trabajó en Hill Street Blues como guionista y director ocasional, trabajo por el cual fue nominado a un Emmy en 1984. Colaboró en otros productos tanto para televisión como cine hasta que un agente, Tony Krantz, le puso en contacto con David Lynch: “One of our mutual agents thought it would be interesting to put us together and see what happened”. Una de sus primeras colaboraciones fue escribir el guión de una película que Lynch producía, era una adaptación del libro de Anthony Summers sobre Marilyn Monroe, Goddess. Pero la película finalmente no se hizo. En 1988 crearon la productora, Lynch/Frost Productions, y en 1990 realizaron Twin Peaks por encargo de la ABC. En una entrevista con el periodista Luke Ford, Frost explica su conexión con Lynch:

“We both had an outsiders mentality. I had never embraced the industry as a way of life. I saw it as a way to make a living. I had many interests beyond film and television. David was the same way. We both had some wild ideas about how to shake things up”.

Frost también da pistas sobre la personalidad de Lynch y el sentido de sus trabajos:

David’s strength and weakness is that he is often able to transcend story because he’s such a master creating mood. His failing is that he’s not a strong storyteller. He doesn’t have a lot of interest in telling a story. He’s not as interested in character as fragments of personality. He’s a surrealist.

En cinefantastico.com, Javier J. Valencia, autor de Twin Peaks: 625 Líneas en el Futuro (Recerca Editorial), explica la importancia de la colaboración entre ambos para el desarrollo de la serie:

Twin Peaks es la obra de David Lynch y Mark Frost principalmente, y es muy difícil que un cerebro solo desarrolle una serie de este formato. El verdadero conocedor del medio televisivo era Frost, y no es difícil suponer que suyas fueron las tramas que tanto engancharon a los espectadores de entrada. Era tan importante el uno como el otro, y el reconocimiento debería estar al 50%, pero solo uno de los dos apareció en la portada de la revista Time… A este respecto, Frost declaró que llegó a sentirse un poco como Paul McCartney tras la muerte de John Lennon. De repente Lennon parecía el único responsable del éxito de los Beatles, cuando lo cierto es que Twin Peaks sin Frost hubiera sido algo completamente distinto, del mismo modo que lo hubiera sido sin Lynch.

Lo cierto es que los trabajos posteriores de Mark Frost no han trascendido como sí han hecho los de David Lynch. Frost juega a golf, ha escrito varios thrillers de éxito, como su primera novela The List of Seven (QPD, 1993), y fracasó al participar en el guión de la película Los Cuatro Fantásticos. Sus otras colaboraciones en televisión y cine, como guionista o productor tampoco se han acercado al éxito que consiguió con Twin Peaks. Sobre su relación con Hollywood declaró lo siguiente:

It’s a time-honored path to the top throughout history. Hollywood is like a medieval courtiers system. There are fiefdoms of power that are like principalities where money and power get concentrated. Those people behave like the Medicis, usually with the same lack of moral acuity. They are city-states. That’s human nature.

Para Quim Casas, autor del libro David Lynch (Cátedra, 2007), “Frost se adentró con conocimiento de causa en los dominios de Lynch, y no es decabellado pensar que el escritor actuara de contrapunto en la elaboración de las líneas maestras de Twin Peaks, frenando o apoyando, según el momento, las invenciones de Lynch respecto al género televisivo”. Casas concluye con, probablemente, la mejor descripción del tandem creativo: “Twin Peaks surgió como la obra compartida de alguien que entendía los resortes de la ficción televisiva y alguien que quería dinamitarlos”.

Mark Frost en Imdb y Wikipedia