El invierno de verdad y la serie del año

Llevo tres días en Pristina, es mi tercera visita, las dos anteriores fueron en verano. Ayer por la tarde estaba trabajando desde una cafetería con wifi y al volver al apartamento en el que vivo me encontré en una situación tragicómica. Resulta que aquí la temperatura no pasa de 0ºC y en las calles hay nieve, hielo y barro. Lo peligroso es el hielo de algunas esquinas y escalones.

Al salir del café y enfilar el paseo de vuelta sentí que mis pies resbalaban sobre el hielo. Y recordé una absurdez que tuvo lugar en Noruega hace varios años. De excursión a un glaciar con mi amigo Roger, se me ocurrió adentrarme con bambas. No me di cuenta del peligro hasta que oí los gritos del montañero que estaba de guardia. Solo avancé tres metros para hacerme una foto y, al girar sobre mí mismo para volver, noté la inestabilidad absoluta de mis pasos, así que me senté y salí del glaciar arrastrándome de culo.

Para más inri, mientras patinaba y recordaba este episodio, estaba sufriendo uno de los mareos que padezco desde hace varios meses y que los médicos, por descarte, atribuyen a la ansiedad. Así que me divertí pensando que la forma más segura de volver a casa sería gateando. Total, aquí no me conoce nadie y más de uno se partiría de risa, que es una de las mejores cosas que se pueden hacer por los demás.

Al llegar al apartamento estaba echando un vistazo a los premiados en los Globos de Oro. La serie ganadora ha sido Homeland, y Natyra, que es la razón por la que me encuentro en Kosovo, me ha preguntado si estaba de acuerdo. Le he dicho que me parece comprensible. Es una buena serie, pero si de mí dependiera, la mejor serie del año, sin ninguna duda, sería The Shadow Line.

Porque Homeland es muy entretenida, como Game of Thrones, o The Killing, y Downton Abbey es bonita, pero The Shadow Line es una locura. Es quedarse con la boca abierta y aplaudir en mitad de un episodio. Yo lo hago, y digo bravo. Bravo por Hugo Blick, guionista, director y productor. Un hombre, entre cuyos hitos, destaca por haber sido el joven Joker que mataba a los padres de Bruce Wayne en el Batman de Tim Burton.

Es una obra maestra, la serie negra definitiva, donde una escena, solo una, ya es un mundo.

The Shadow Line es una historia de policías y gángsters, complicada. Hay partes que sigo sin entender, pero qué más dá, otro motivo para verla de nuevo.

Me fascina el uso del sonido, lo impredecible, las interpretaciones, ese chalado llamado Jay Wratten… Y los títulos de crédito, con una de las canciones más bonitas que se han escrito en mucho tiempo:

Es una serie para minorías, no saldrá en los rankings, o tardará, pero ya es un nuevo clásico.

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