Llafranc, Casamar y El Transistor

El camí de ronda es una ruta que se extiende por el litoral de la Costa Brava y que era utilizado por la Guardia Civil para vigilar el contrabando. El tramo que conozco es el que une Calella de Palafrugell con Llafranc. Es un paseo agradable, abarrotado en verano, pero que en temporada baja, cuando deja de ser una rambla turística y el sol no chamusca el olor a pino, se puede disfrutar la belleza del paisaje caminando entre higos chumbos y brisa marina sin demasiadas interrupciones. La ruta culmina con vistas a la bahía de Llafranc, que Josep Pla describe así en su guía de la Costa Brava:

Passada la Punta d’en Blanc, s’entra en aigües de la badia de Llafranc i es veu la població estesa sobre la platja -panorama nocturn, a l’estiu, inolvidable,-. Als extrems, a garbí i a llevant, les cases escalant la muntanya. (…) La platja de Llafranc, resguardada a llevant per l’enorme mola del Cap de Sant Sebastià, té, contemplada del mar estant, a segon terme, dos petits turons – El Puig d’en Bonet i el Puig de Rais – que formen dues línies indescriptiblement gracioses, que donen a la corba elegant de la sorra un moviment d’una gran vivacitat. (…) D’una altra banda, la platja és tancada a garbí per una altra paret rocosa que dona a la platja una corba recollida i arrodonida. Situeu ara entre els límits d’aquestes dues parets rocoses, dos o tres-cents metres de platja magnífica, amb una corba de mar que és una de les més fines, dolçes i elegants de la costa…

En la entrada de la bahía se encuentra el restaurante Casamar con su reciente primera estrella Michelin. Es el primer fin de semana desde el premio y probamos el menú de degustación. La cocina de Quim Casellas propone, como es lógico, productos de la zona, sin riesgos innecesarios y sutil en lo creativo.

El dry martini de aperitivo, el foie con magrana y cítricos, o la espalda de cordero, son excelentes. De postre, crema de naranja (en la foto), y parfait de almendra con helado de turrón, magníficos.

No entiendo de vinos, y menos de blancos. Aborrezco la mayoría de vinos que acompañan las paellas de fin de semana. Sé que me gusta seco, y que tengo más probabilidades de acertar si se trata de Sauvignon. La experiencia en Casamar marca un punto de inflexión, por decisión del sumiller, llamado El Transistor.

Dorado, complejo, poderoso y delicado, el vino es de Rueda, uva Verdejo de recogida manual. Explican en la web de la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez que los viñedos son viejos. Casi sentimos que no hemos venido a comer sino a beber. Se llama así porque de noche, para echar a los jabalíes de la región con delicadeza, ponen un transistor junto a las viñas.

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