Nuestra democracia basura

Reconozco que en las primeras horas de la #spanishrevolution he sido crítico con la protesta por la previsible ineficacia de las formas utilizadas por los manifestantes. Pero defiendo peticiones como modificar la ley electoral, listas abiertas o escaños proporcionales al número de votos. Plantearse la lucha contra el poder es inútil pero este tipo de propuestas relacionadas con nuestro sistema democrático tienen más sentido que recurrir a Marx.

El establishment, desde mítines a tertulias radiofónicas, ha denunciado estos días que se ponga en duda nuestra democracia, como si no hubiera mejor forma de llevarla a cabo y representar realmente a la ciudadanía.

El análisis que reproduzco a continuación sobre la participación ciudadana en la gestión pública, premiado en el congreso CLAD 2009 sobre Reforma del Estado y Modernización de la Administración Pública, explica con una claridad meridiana las deficiencias de nuestro sistema democrático.

He seleccionado los fragmentos que mejor explican cómo hemos llegado hasta aquí pero recomiendo la lectura del ensayo completo en el que también se muestran las ventajas de los procesos participativos para la gobernanza local. La autoría corresponde a Pedro Prieto Martín, presidente de la Asociación Ciudades Kyosei y doctorando del Dpto. de Cc. de la Computación de la Universidad de Alcalá.

A la muerte del general Franco, dictador que ocupó la jefatura del estado durante casi cuarenta años, se inició un proceso de reforma que, respetando los cauces de la legalidad franquista, pretendía instaurar un régimen democrático que favoreciese la modernización de España y permitiese su integración en el marco económico y político europeo. Desde el gobierno, que tenía una orientación de centro-derecha, se diseñó un sistema electoral que buscaba cumplir dos objetivos.

En primer lugar, debía limitar la fragmentación partidaria y ser capaz de producir gobiernos mayoritarios y estables, pues se los estimaba como imprescindibles para el éxito de la transición. En segundo lugar, se buscó formular un mecanismo que garantizase que el que sería el futuro partido del entonces presidente pudiese alcanzar, con el 36% de los votos que esperaba obtener, una cómoda mayoría absoluta.

Para ello, se abogó por un modelo con reparto de escaño pseudo-proporcional y con pequeñas circunscripciones provinciales que, por un lado, favorecía enormemente a los dos mayores partidos de ámbito nacional a costa, principalmente, del resto de partidos nacionales, y que por otro lado amparaba a los partidos conservadores frente a los progresistas. Este diseño electoral buscaba asimismo impedir que el Partido Comunista, legalizado apenas unos meses antes de las elecciones, obtuviera una influencia parlamentaria que se correspondiese con la fuerza política que entonces se le atribuía.

La estratagema resultó tan exitosa que dicho sistema electoral sigue aún vigente más de 30 años después. Los dos principales partidos de ámbito nacional se vieron tan beneficiados por él –en media recibieron, conjuntamente, un 16% de sobre-representación en las tres primeras elecciones– que no pudieron menos que refrendarlo en 1985, con carácter definitivo. Desde entonces han ido acaparando un porcentaje creciente del voto total, principalmente por causa de la concentración mediática que se ha producido en torno a ambos, pero en parte también por la influencia del propio sistema electoral en el comportamiento de los votantes, que tienden a votar a los partidos mayoritarios para maximizar la “utilidad” de su voto.

Hay, sin embargo, otro componente del sistema electoral español que tiene unas consecuencias anti-democráticas si cabe aún más severas. Tras cuatro décadas de dictadura en que los partidos políticos estuvieron proscritos, se intentó fortalecer las estructuras partidarias por medio de un sistema de listas cerradas y bloqueadas, de forma que fueran las direcciones de los partidos las que elaboraran las listas de candidatos que los ciudadanos podrían votar en cada circunscripción.

Sin duda, las listas cerradas y bloqueadas permiten a la dirección del partido ejercer un fuerte control y una férrea disciplina dentro de la agrupación. El problema es que al mismo tiempo vienen a quebrar el tan fundamental vínculo democrático entre el elector y el elegido, convirtiéndose la democracia en una “partidocracia”.

Quienes otorgan los cargos a los políticos no son ya los ciudadanos sino los partidos, cuyas jerarquías deciden el lugar de los candidatos en las listas electorales y, por consiguiente, si serán elegidos o no. En vez de líderes políticos sometidos al control de sus electores, con quienes mantienen un contacto y comunicación constante, lo que tenemos son profesionales de la política expertos en medrar dentro de las estructuras partidarias y acostumbrados, por tanto, a anteponer el interés y las consignas del partido a cualquier otra cosa.

Sólo tomando conciencia de que no es ante los ciudadanos que los políticos deben rendir cuentas, puede llegar a entenderse que el Parlamento, que debería operar como un santuario del diálogo democrático en pro del bien común, se convierta en ocasiones en una especie de circo romano en el que Sus Señorías se comportan peor que los macarras del instituto durante la clase de literatura (Díez, 2007).

Las listas cerradas y bloqueadas generan asimismo dinámicas perniciosas por el lado del ciudadano. Puesto que no es posible ejercer ningún control directo sobre los políticos, desaparece el estímulo para informarse sobre ellos, hasta el punto de que la mayoría de las personas no conocen más allá del segundo integrante de las listas electorales de su provincia. Al final, al ciudadano no le queda otra posibilidad que establecer con los partidos políticos una relación similar a la que mantiene con los equipos de fútbol: podrá alentarlos, abuchearlos y hasta identificarse con sus colores, pero no puede aspirar a determinar su juego.

(…)

Los políticos, en España y el resto del mundo, se ven por tanto obligados a enfrentar un trascendente dilema: ¿Dónde encontrar la voluntad con la que cambiar las reglas actuales si son precisamente ellos quienes más se benefician de ellas? Es más, son esas mismas reglas las que les están escudando ante mayores demandas de cambio y las que por tanto posibilitan que puedan mantener sus cargos y privilegios en el corto y medio plazo. Es ésta, sin duda, una paradoja de difícil resolución, pero no es la única ni la más grave de las que anidan en las psiques de los políticos.

(…)

Buena parte de la bonanza económica que España experimentó en la última década fue debida al espectacular boom inmobiliario que, amparado en la Ley del Suelo de 1998, promovió un modelo de desarrollo urbanístico de carácter no sostenible, que fomentó la especulación y generalizó la corrupción. Según las cifras oficiales, los precios de la vivienda crecieron entre 1997 y 2006 un 187%, para ir estabilizándose a lo largo de 2007 y seguramente estancarse o caer durante el 2008. El fin de este auge provocará, sin duda, una ralentización general de la economía española; su efecto sobre las finanzas municipales va a ser, sin embargo, mucho más dramático.

Durante los años del “boom del ladrillo” la gran mayoría de los municipios españoles recurrieron a las recalificaciones urbanísticas para incrementar su recaudación y mejorar su situación financiera. Desgraciadamente, los pingües ingresos extraordinarios provenientes de las recalificaciones favorecieron la indisciplina fiscal: en muchos casos fueron indebidamente utilizados para sufragar gastos corrientes y sobredimensionar la administración municipal, cuando no para la obtención delictiva de lucro personal por parte de políticos, funcionarios
y otros intermediarios.

Se extendieron así, por todo el territorio nacional, las prácticas de corrupción, la opacidad administrativa y el incumplimiento sistemático de las normativas urbanísticas, hasta el punto de que entre 2000 y 2007 los medios de comunicación españoles llegaron a denunciar más de mil casos de supuestas irregularidades urbanísticas y presuntos casos de corrupción.

(…)

El modelo de participación ciudadana español presenta así, sobre todo al nivel “nacional”, un carácter restrictivo y controlador que, a efectos prácticos, no difiere mucho del utilizado ocasionalmente por regímenes de tipo dictatorial.

En su gran mayoría los españoles ignoran que existan otras formas de ejercer su ciudadanía que no sea a través de las elecciones, de la misma forma que no son conscientes del resto de desequilibrios existentes en el andamiaje democrático español. Cuarenta años de dictadura y, posteriormente, un notable trabajo de endoculturación a favor del statu quo realizado desde el sistema educativo y los medios de comunicación masiva, han extendido entre los ciudadanos la impresión de que la democracia básicamente consiste en elegir cada cuatro años entre las listas propuestas por los partidos políticos.

La situación tiene, sin embargo, visos de cambiar en los próximos años. El patente anacronismo de esta legislación se va a hacer más y más visible para una ciudadanía cada vez más crítica y crecientemente acostumbrada a ser consultada y a dar su opinión. Es más, una legislación obsoleta y restrictiva confiere mayor visibilidad a los movimientos críticos, cuyas campañas y acciones podrían servir para desanudar la, hasta ahora reprimida, demanda ciudadana de participación.

(…)

PRIETO-MARTÍN, P. (2010) (e)Participación en el ámbito local: caminando hacia una democracia colaborativa, Asociación Ciudades Kyosei, [http://is.gd/vG2og1]

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DJ Timber: “Aprendí español escuchando boleros”

Timber es uno de los pocos DJs de Barcelona que pincha salsa dura de los 60 y 70 con vinilos si no el único. Es irlandés, bboy, rumbero y coleccionista de discos. Timber es una expresión de leñadores que se utiliza cuando un árbol cae, le pusieron este nombre porque caía bailando break dance (él prefiere llamarlo bboying). Salta de YouTube a Spotify, de la película 80 blocks from Tiffany’s a un vídeo de Ángel Canales llorando en Panamá. Este domingo por la tarde pincha su salsa brava en La Resistencia (Hospitalet).

¿Cuáles son tus primeras referencias musicales?
A los trece años empecé a escuchar hip hop. Desde niño me había gustado bailar como bboy. Un amigo me pasó un par de cintas de rap que escuché 20.000 veces. Fui entrando en el mundo del hip hop, pero buscando los breaks que utilizaban para samplear me di cuenta que más que el rap, lo que me gustaba eran los orígenes, la música negra y latina de los 60 y 70.

Y bailabas break.
Sí, practicábamos en un garaje. Éramos inocentes, teníamos un vídeo y copiábamos lo que veíamos. Luego conocí a los Belfast City Breakers y los Twins, quienes me ayudaron a entender la cultura bboying. Sigo bailando pero menos de lo que quisiera por molestias en la rodilla.

¿Qué aprendiste?
La actitud de que puedes hacer lo que quieras sin depender de nadie. Yo soy el que manda. El baile es un enfrentamiento, tú tienes que ser el más bravo, el más bueno y el más malo. Además es algo tuyo, nadie te va a decir cómo tienes que mover un dedo. El bboying es callejero, no hay academia, viene de la calle, como la salsa. También aprendes a ser humilde.

Luego empiezas a pinchar.
Un amigo se compró unos platos y vinilos de hip hop. Le dije que eso era una mierda que nadie usaba. Pero fui a su casa, hice un scratch y ya estaba enganchado.

¿Qué música te interesaba?
La que bailamos en el bboying. La descarga de la batería, el break, el punto más rítmico y con más energía del disco. Descubrí clásicos del funk como Its just begun, de Jimmy Castor o Apache, de Incredible Bongo Band. Pero no sabía por donde empezar. En Belfast solo había una o dos tiendas de discos especializadas, pero en Manchester quince. Fui a estudiar allí y me quedé. Me invitaron a bailar en una fiesta y les propuse que me dejaran pinchar. Nunca me había planteado dedicarme profesionalmente como DJ pero empecé a hacerme un nombre en el circuito inglés.

¿Y tu interés por la música latina?
La cultura del baile bboying viene de Nueva York, y en la segunda generación había negros y puertorriqueños. Por ejemplo, la base del boogaloo son ritmos latinos (guajira, cha cha cha) mezclados con ritmos afroamericanos. Se influyeron mutuamente.

Y empieza tu búsqueda.
Encontré cosas como Together de Ray Barreto, que es pura dinamita, Willie Colón y Héctor Lavoe, Roberto Roena, etc. Al principio solo buscaba canciones que tuvieran el sonido de la batería americana, del break, y como la salsa no la tenía, la dejé de lado. Pero fui afinando el sonido latino. Luego escuché el soul de Joe Bataan, Joey Pastrana, Fania Records, Azuquita, Paul Ortiz y la Orquesta Son… La energía de esa música es la misma del bboying, y quien no lo vea está ciego.

¿Qué encontraste en Barcelona?
Pensé que en esta ciudad no había nadie a quien le gustara la salsa buena, solo la que pinchan en discotecas como… Mejor no digamos el nombre para no hacer publicidad de los malos. Cuando fui a ciertos sitios pensé: ¿Dónde están el boogaloo, la descarga y el mambo? Todo sonaba igual, sin gracia.

Aquí no hay cultura del DJ o de la música latina.
Hay mucha gente que va a bailar salsa tres horas a la semana. A mí no me parece mal, el problema es que predomina eso, a diez euros la entrada y la copa. El negocio está allí, en la gente que lleva tres años bailando y no sabe quién es Héctor Lavoe. Bailan salsa para pasar el rato y conocer gente, no es por cultura musical.

De la música latina te interesa sobre todo la salsa dura ¿Por qué?
Porque es la salsa real, la verdadera, tocada por músicos, la salsa de hoy parece que está hecha con ordenador, y a mí me gusta el toque humano.

La salsa actual es monótona.
Está muy bien para la gente que quiere aprender a bailar porque todo suena igual, es un patrón sin variación. Pero si escuchas a Cachao o Joey Pastrana, es diferente. Siguen un ritmo determinado pero también juegan con él. Es lo que da alegría a la música. La salsa comercial tiene sentido para aprender a bailar pero lo importante es salir de ahí lo antes posible. Porque no tiene swing. Esa salsa tiene su sitio, pero no es el mío.

Decía Mongo Santamaría que el guagancó nació cuando los afrocubanos intentaron cantar flamenco.
¿Ah sí?

Lo pone en la Wikipedia.
La salsa es africana, luego es cubana, puertorriqueña, y neoyorquina.

Pero entre África y Cuba está…
Europa.

Está España.
Y Francia, por el danzón.

Pero es la música de los colonizadores españoles y la de los esclavos africanos la que deriva en el son cubano y después en la salsa.
Y luego los cubanos como Machito se fueron a Nueva York en los años 40 a escuchar a los grandes del jazz y acabaron tocando juntos a las cuatro de la mañana con una botella de ron. Y emigraron los puertorriqueños, que son los padres de la gente que empezó con el break, los nuyoricans, nacidos en Nueva York pero con su identidad latina.

Y tú conectas con eso siendo irlandés.
Sí, porque los primeros bboys venían del gueto. Y en Irlanda del Norte había otro tipo de gueto por la división entre católicos y protestantes, donde tienes que estar en un lado u otro, porque si te quedas en medio estás solo. Yo quería salir de ahí y entrar en algo creativo que no fuera la violencia, muy dominante en la cultura de mi país. El 90% de la gente no quiere pero todos están metidos de una forma u otra. Casi todas las escuelas son protestantes o católicas, enemigas.

¿Cuál era tu situación?
Mi madre es profesora de piano y traía alumnos a casa de ambas escuelas que luego eran amigos míos. Con siete años mis compañeros de clase me decían que los otros eran unos hijos de puta. Y yo les explicaba que mi amigo Paul iba a esa escuela y era buena gente. No lo entendía, iba un poco perdido. Por eso conecté con el hip hop. Cuanto más aprendí más pude relacionar mi pasado como adolescente en Irlanda del Norte con lo que ocurrió en Nueva York, aunque eran circunstancias completamente diferentes.

¿No te sorprende a tí mismo tu pasión por la salsa? Eres de Belfast. África y el Caribe están muy lejos.
Es cierto, pero en Irlanda también tenemos música de tambores. Lo que hicieron los celtas supongo que no es muy lejano de lo que hicieron en África.

Digamos que en todas las culturas los orígenes de la música son tribales.
Y luego es que, independientemente, es música muy buena. A mí me encanta la comida tailandesa y tengo menos de asiático que de español. Pero yo llegué a la salsa después de un largo camino.

¿Es lo que más te interesa ahora?
Escucho más salsa que cualquier otra cosa. Además me encanta la lengua española, es mucho más bonita que la inglesa.

Tienes una mezcla de acentos latinos al hablar.
Aprendí español escuchando boleros, porque con guaguancó, mambo o guaracha no me enteraba de nada. Y mirando entrevistas en YouTube con músicos latinos. Por eso a veces digo expresiones colombianas o puertorriqueñas que son de los 70, o sea, que es un caso más perdido aún porque hoy ya no se utilizan. También tengo muchos amigos de Colombia y Venezuela.

¿Pinchas regularmente en Barcelona?
Los viernes estoy en el Dostrece. Pero me muevo más en el extranjero, pinchando en festivales de bboying. Lo que sería bueno es tener un sitio para los rumberos, los amantes de la salsa dura. Parece que está arrancando, hay más actuaciones de orquestas y pincho más hoy que hace dos años pero me da igual si pincha otro, también quiero escuchar música buena y bailar.

¿Bailas salsa? ¿Cubana?
Salsa callejera, es una mezcla de estilos, voy jugando. Cuando bailo con alguien de academia que da mil vueltas es horrible. Las chicas me dicen que tengo que marcar más. Pero al bailar, la música te lleva, bailáis los dos, no es cuestión de esperar a que el hombre te haga hacer mil figuras. Eso no me interesa, yo doy dos o tres vueltas, o ni eso, puedo bailar solo.

DJ Timber y la Orquesta de Lenin Güiroloco Jiménez actúan este domingo 15 de mayo a las 17 h. en La Resistencia (Hospitalet de Llobregat).
Timbertron.blogspot.com

Todos contra Pitchfork

En una conversación reciente con Enrique Doza, y en alguna otra charla con amigos, hemos comentado el cansancio que nos produce la tendencia indie-mainstream de medios de referencia de la música moderna como Pitchfork.

Entendiendo indie como música independiente, hasta hace unos años las vías de difusión de este movimiento eran más limitadas y locales con pocas revistas, programas de radio, clubs y festivales. Había que hacer el esfuerzo de ir a buscar esa música que, por lo general, aportaba más a un grupo de personas con un criterio musical más exigente que la mayoría.

Lo de la música independiente, o alternativa, fuera de las majors, los sellos pequeños, y la filosofía de hago música para minorías y no me importan vender, no tiene ningún sentido. Poco nos importa si el disco lo publica Rough Trade o Sony. Si la música es buena aceptamos Beyoncé. Antes había que ir con más cuidado en los círculos cerrados, pero eso ya da igual… casi siempre. Porque a los programadores del FIB y Monegros les ha caído una somanta de palos por llevar a Julieta Venegas y David Guetta.

En los últimos años, gracias a las redes sociales, esta música moderna, indie o alternativa, llega a más personas. Lo cual es muy positivo, porque las tan criticadas faltas de vías de difusión son cada día mayores. Pero al mismo tiempo se produce una tendencia de escuchar lo mismo, lo más nuevo. Y los líderes de opinión como Pitchfork lo inundan todo, generalmente yanki o anglosajón, como si fueran Los 40. No son los únicos, no hay que ir tan lejos.

A mí esta música me aburre, cuando sale alguien con talento el flechazo es inmediato, pero en general la mayor parte no me gusta ni me la creo. Tengo amigos que ya llevan más tiempo en la psicodelia que en la actualidad, decía Jimmy Edgar que no escuchaba música posterior a los noventa, a Ricardo Villalobos le va el jazz y la clásica, otros directamente se quedaron en Depeche Mode.

A mí me llenan mucho más el folklore y las músicas populares (y del mundo). Hace un par de años aterricé de La Habana directamente en el BAM, Plaça Reial, en un concierto de Patrick Wolf “vestido de baturrico” (Ramiro Benavides dixit). Yo, que venía del calor cubano, de la camiseta de tirantes y la minifalda, me encontré en medio de una farsa. Esto no es lo mío, yo soy más de congas.

En esta música, sobre todo indígena y negra, todo es más honesto, puro y original, hay menos contaminación y más instinto. Porque El Guincho está muy bien, pero el calypso, la salsa, la cumbia y África son anteriores y pasan desapercibidos para demasiados aficionados a la música. Por no hablar del jazz, el funk o el soul, otra historia, menos ignorada pero igual de injusta en proporción a la calidad de lo moderno.

Sigo cada semana escuchando todas las novedades que puedo, y llevamos una gran temporada con James Blake, Nicolas Jaar, Burial, Colin Stetson o Egyptrixx, por citar cinco nombres, para mí tan importantes y necesarios como Amador Ballumbrosio y el zapateo afroperuano.

A finales de los ochenta, con la explosión de la world music, parecía que por fin se iba a regularizar la recepción de sonidos de todo el planeta. (…) parece que ahora nos conformamos con sacar tres africanos al año y un par de latinos chic. (…) No encuentro en el planeta indie tantos jóvenes que superen a Seun Kuti, ni cuarentones que alcancen a Tiken Jah Fakoly. Apuesto a que hoy menos del diez por ciento de lectores de esta revista atenderían a una reunión de tótems como Oum Kalthoum, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Violeta Parra o King Sunny Adé. ¿Por eso no los sacamos?”

Víctor Lenore, Rockdelux 293 (marzo, 2011)