Yerevan, 14 de octubre de 2009 (segunda parte)

[Escrito por mi amigo Sergio, al que suelo escribir en la categoría Querido Andrés]

Querido Gin,

te explico a continuación lo que sucedió en el segundo día, postpartido.

Obvié en mi relato el recuerdo de un homosexual tatuado gritando en un bar la noche anterior “I love Iniesta. Fuck Madrid”. Lo cual me ha recordado, aunque no venga al caso, cómo cuando el Barça ganó la Copa de Europa lo celebré en un bar, donde estaba siempre aunque no tuviera nada que celebrar, y un ruso se acercó a mí para decirme “Iniesta is God”.

Básicamente, creí que tenía que intentar hablar con Andrés Iniesta dado que parece que el destino asocia a sus fans más inexplicables con mi persona. Bueno, pues por segundo día consecutivo aparecemos en el hall del hotel, siendo los primeros clientes del bar (estamos hablando de mediodía). Así que un café, para dar buena imagen, y posteriormente cervezas. Los jugadores tenían día libre, era domingo, y además el día de la ciudad. En la plaza habían organizado una especie de andamio gigante donde, se supone, habría un concierto estelar.

Conocimos al cocinero de la federación, con el que conversamos acerca de la ausencia de vegetales de calidad en esta ciudad, pero ensalzamos sus frutas (concretamente sus albaricoques) y su coñac, aprovechando para recomendarle la versión de 20 años, que debe comprar, y que hace poco degusté en un restaurante georgiano, con gusto para mi paladar y dolor para mi bolsilo.

Nos prometió darnos al día siguiente dos botellas de vino de la bodega de Aitor Karanka (exjugador de no excesiva fama), dándonos así la excusa para volver en el tercer y último día de la selección al hotel. Por último, mi colega le llevó a la puerta y le recomendó un supermercado (!) en plan “mira, ves esa calle, allí tuerces a la derecha, sigues recto dos minutos y lo verás”. No tiene pérdida.

Bajó Fernando Hierro con su ordenador portátil, al cual ni saludamos ni tampoco hizo el ademán de hacerlo él al ver que éramos españoles, y se parapetó en otra mesa con componentes de la federación, tan impresentables como él. Paradójicamente desde el momento en el que se conectó a internet se jodió nuestro wifi y la red local de teléfono durante HORAS. Debo decir que, para mí, sin dudas, él fue el culpable de la incomunicación que padecimos durante horas.

Apareció Vicente del Bosque, entrenador del equipo, con el que mi amigo se hizo una foto. En agradecimiento le soltó la siguiente perla. “Vicente, yo te conocí hace años, cuando era niño. Dabas un clinic sobre fútbol. Y tenías pelo entonces”.

Empezamos a escuchar barullo en la calle y vimos que la multitud se agolpaba, de espaldas al concierto, mirando a la puerta del hotel. Ya que los jugadores iban a llegar de su día libre. Entró primero uno que jugó en el español y ahora en el liverpool y llevo tres días pensando en su nombre y no me acuerdo. Paso de buscarlo en internet. Entró Piqué. Alguno más. Entró Casillas. Le dije a mi colega “mira, Casillas” pero no hice el más mínimo intento de levantarme. “Yo soy del atleti”, dijo mi colega mientras seguía mirando si su móvil funcionaba.

Entraron varios. Pero no Andrés Iniesta. Ya que la coordinadora de la selección recomendó a los que quedaban por venir que entraran por atrás. Frustrando mis posibilidades de preguntar a Iniesta por el mejor hotel de Fuentealbilla.

Pero el momento de la tarde fue el siguiente. Entró Sergio Ramos, defensa del Madrid. De repente, mi amigo se levantó y fue hacia él como una flecha. En realidad, mi amigo sólo quería ver a Fernando Torres por algún tipo de nostalgia atlética supongo. Se acercó y le dijo “Fernando, ¿te importa que nos hagamos una foto?”. Mientras yo sostenía la cámara, y Sergio Ramos pasaba el hombro por la espalda de mi amigo, en el momento en que yo hacía la fotografía, el jugador dijo “no soy Fernando, soy Sergio”.

Una vez mi colega le dio las gracias se sentó a mi lado y me dijo….”joder, ¿pero éste tío quién es? que dice que se llama Sergio”. Le expliqué que era un defensa y me dijo “ya me parecía raro que fuera Torres, por el pendiente brillante que lleva en la oreja y me ha dejado ciego”. Total, que su ilusión por poner la foto en facebook para mostrarla a sus amigos atléticos quedó destruida cuando le dije que jugaba en el madrid. “No me jodas”, dijo mientras me miraba con ojos de rata asustada. “Hostia, pues voy a borrarla”. Le convencí de que no lo hiciera porque pensé que era la primera foto de Fernando Torres disfrazado de Sergio Ramos que hay en el universo.

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Y al final apareció Villar de nuevo, dándonos su opinión sobre la unión europea, las federaciones de fútbol (o como “me opongo a hacer un grupo de federaciones ricas, cosa que me piden italianos e ingleses, me critican por robar el dinero pero mientras tanto soy el único presidente que lleva al equipo a países como Macedonia para jugar gratis”) y ligeramente sobre la prensa. Aprovechamos, por justicia, para agradecerle el hecho que siendo el presidente fuera, curiosamente, la ÚNICA persona de la delegación que nos trataba, a los españoles que vivimos aquí, con algo de calidez. “Ya os dije que ser normal es lo más difícil en esta vida”.

Así que me quedé con las risas de Villar en mi cabeza y con la intención de volver al día siguiente a por mis botellas de vino. Y preguntándome si Sergio Ramos pudo dormir esa noche.

Si quieres terminaré la historia. Por lo demás, paradójicamente, nos fuimos sin ningún autográfo de nadie ya que, sinceramente, no le veo utilidad alguna.

Saludos desde Armenia (la selección se fue, pero la gente sigue viviendo aquí. Lástima).

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Yerevan, 13 de octubre de 2009 (primera parte)

[Escrito por mi amigo Sergio, al que suelo escribir en la categoría Querido Andrés]

Querido Gin,

Como sabes, en los últimos días he coincidido con la selección española de fútbol en Armenia. Ha sido una experiencia un tanto surrealista. Te explicaré algunos detalles.

Yo no había comprado entrada para ver el partido porque la verdad es que me da bastante lo mismo. El día antes me encontré en la calle con Manolo Lama y otros periodistas que nos preguntaron si habíamos venido a ver a la selección. Como si no tuviera otra cosa que hacer que irme a Yerevan a ver fútbol. Nos preguntaron por un bar, de modo que les recomendé uno gay, lo cual, curiosamente, terminó con la conversación. Les aclaré que en el resto sólo había putas.

Es fácil saber dónde anda la gente en una ciudad tan pequeña y no creas que había un revuelo muy grande por ver a los jugadores. De modo que decidí ir al hotel para ver si veía a alguien. Y me pasé la tarde con un colega en el hall del hotel tomando birras. A todo esto nosotros buscábamos a un tal J., no el cantante de Los Planetas, sino un jefe de prensa o algo así, porque mi colega tenía que darle caviar para llevárselo a un amigo en común. Sabíamos de él que es bajito y tiene bigote. El susodicho no vino a la concentración, según nos confirmó el periodista el día antes. Pero nos dijo que se lo comentáramos a otro encargado de la federación.

Así que estábamaos buscando a J. cuando apareció otro periodista, bastante estúpido por lo que deduzco de su escasa educación. Le preguntamos si sabía si había alguien de la federación y debió intuir, erróneamente como todos, que veníamos a por autógrafos o vete a saber qué.

«Los jugadores visten con chándal negro, quizá los veáis por ahí».
«Mira amigo, me la traen al pairo los jugadores. Lo que queremos es dar un paquete para J.».

Eso le descolocó de modo que nos dejó dos nombres que no nos sirvieron para nada. Uno de los nombres era Antonio Limones. Lo escribo entero porque me gustó un apellido tan frutero. Limones.

Cuando perdíamos la esperanza entró en el hotel un hombre bajito y con bigote. Mi amigo dijo «ése es J» y fue a preguntarle. Tristemente se trataba de un iraní despistado.

Finalmente apareció A.Villar, presidente de la federación, acompañado de una comitiva de abuelos. Todos con puro y cara de haber pasado ya por el trago del famoso coñac armenio.

Y ahí fue donde apareció la preclaridad de Villar, con el que charlamos unos minutos. Nos regaló entradas, diciéndonos «os las daría para el palco pero seguro que la liamos y nos terminan echando». Y antes de irse una reflexión curiosa por su parte: «no olvidéis nunca que lo más difícil en esta vida es ser una persona normal y corriente». Filosofía española de sobremesa de toda la vida, de ésa que me gusta a mí.

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Bueno, ya que teníamos una entrada nos fuimos a ver el fútbol. Antes de comenzar el partido empecé a ignorar al grupo español (típica comitiva sin humor, rasgo distintivo de los españoles en los últimos años) y charlé con los armenios. Un militar me quiso echar por meterle un banderazo a un niño aunque, obviamente, no captó que estábamos de cachondeo.

En la segunda parte empezó a llover así que subí unas escaleras y me fui a ver el partido con los armenios, junto a una chica morena bastante guapa, por cierto. Ante la entrada en el campo de nuestro apreciado Iniesta empecé a corear su nombre. Marcó Armenia, marcó España y los armenios que me rodeaban gritaban «Iniestaaaa» mientras un periodista de onda cero, si no recuerdo mal, se moría de la risa. Un abuelo me preguntaba por el barça y la gente seguía coreando el nombre de Iniesta.

Terminó el partido y los militares nos tuvieron esperando diez minutos. Luego me fui con mi amigo, pisando charcos, hasta un bar.

Ese fue el primer día de una larga historia que ahora por cansancio, resaca y obligación moral de limpiar el piso no puedo continuar. Pero si quieres lo haré.
Porque lo más interesante está por venir.

Un abrazo

FlashForward mientras llega Lost

Esta noche Cuatro estrena la primera temporada de FlashForward. Desde hace unas semanas se comenta que tiene conexiones con Lost o que es la serie que viene después de Lost. Hasta se ha publicado una lista de coincidencias tan ridículas entre una y otra como que sale un 4 y un 16, o que en un plano hay naranjas (la sonrisa de Locke). Lo único cierto es que esta serie es posterior a cinco temporadas de Lost y se reconoce su influencia, a veces de forma descarada. FlashForward se basa en un libro de Robert J. Sawyer.

A un fan de Lost le diría que FlashForward es como Lost pero sin la isla, como si sólo viéramos la parte de los flashbacks. Y a los que nunca han visto Lost y no tienen nada mejor que hacer, que la miren, que se van a entretener. Cuatro deja seleccionar audio en versión original.

Estas series de entretener suelen chirriar en cuanto entran en terreno sentimental, no es el caso. Los actores, no sólo protagonistas, y el guión cumplen. Y se plantean algunas cuestiones interesantes, más allá de la intriga, que la hacen diferente al producto medio de este tipo.

Los creadores de la serie antes fueron productores y/o guionistas en 24, Star Trek, Batman begins (malísima), The Dark Knight (buenísima) o Battlestar Galactica. Es un batiburrillo pero les ha salido algo interesante. He visto los dos primeros episodios, y en esta división de series (al margen de HBO), es la mejor opción con diferencia, mientras llega la última de Lost.

Actualización 12/10/09:

Después de ver FlashForward s01e03 empiezo a dudar. Los minutos de relleno son bastante ridículos, tampoco me convence cómo avanza la trama. En un par de episodios veremos…

FlashForward en Imdb