Prison Break (tercera temporada)

Prison Break empezó como una serie de intriga, original en el planteamiento, pero que fue perdiendo intensidad a medida que avanzaba, sobre todo a partir de la segunda temporada. La tercera ya es un despiporre. Entiendo que no es intención de los guionistas hacer una serie de humor, pero están cerquísima de la parodia. ¡Ojo! No es habitual que haya productos de un entretenimiento tan ligero y divertido, y que no sólo se deje ver sino que enganche lo suficiente como para ver la temporada en un par de días, o en uno, si se está muy aburrido. Yo prefiero espaciarlo en cuatro o cinco, y he hechado de menos doce episodios más, como en la anterior temporada.

Entre otras cosas, no consigo entender -sepa el lector que la serie se ambienta en Panamá- por qué los diálogos entre latinos están escritos por alguien que tiene poca idea de español. Por muchas diferencias que haya, ahorrar artículos o preposiciones en diálogos de dos frases es excesivo. Respecto a los personajes, Scofield sigue con su cara única, sea cuál sea la situación, que es la de tramar algo, su hermano Linc está más tonto y más perdido que nunca y Sucre… Sucre sólo tiene ojos para “Maricrús”. Con este panorama brillan, y de qué manera, dos personajes, Alex Mahone, que cada día tiene más de caballero oscuro, y Theodore Bagwell (en la imagen), conocido como T-Bag, o simplemente Teodoro, capaz de alcanzar la plenitud en el arte de la interpretación con sólo tres palabras: “Lechero” y “Sí, patrón”.

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