The Dark Knight BSO



Bendita la hora en que se les ocurrió en Warner confiarle la reescritura de Batman a Christopher Nolan. Más allá del guión, el superhéroe creíble, la humanización del mito, etc., Nolan coordina una nueva pieza maestra, en la que además de las interpretaciones de Christian Bale, Heth Ledger y los valores seguros de Morgan Freeman y Michael Caine, brilla especialmente la música de Hans Zimmer y James Newton Howard.

Explican en la Wikipedia que Zimmer es “pionero en la integración de música electrónica y arreglos orquestales tradicionales”, y que en su primera época se dedicó al synthpop y colaboró con Warren Cann, de Ultravox. Entre sus trabajos destacan clásicos tan dispares como Rain Man, The Lion King o La delgada línea roja. Su colega, James Newton Howard, ha firmado la BSO de la mayoría de películas de M. Night Shyamalan. En este vídeo de AP hacen algunas declaraciones y hay imágenes de su actuación en la premiere.

Octave One @ Culture Club, Copenhagen (14/08/08)

Octave One/Random Noise Generation parece que llevan varios años de gira permanente, creo que les llevan el management desde Berlín y les exponen como lo que son, la última banda de techno de Detroit. Una etiqueta que prácticamente sólo tiene valor en Europa, pues en EEUU no les hacen caso. Aquí, en cambio, nos encanta su cacharrería old school y sobre todo su energía, tan lejos de las formas modernas a la que nos hemos acostumbrado. Su directo en Copenhagen, sin embargo, se diluyó en una sala semivacía con un sonido pésimo. Además, tuvieron problemas con su propio equipo y se clavaron en varias ocasiones. Para el recuerdo queda escuchar Blackwater en directo por primera vez y sentir cómo les hierve la sangre. Se puede apreciar en este vídeo grabado en el Rex de París. Cerraron con el mismo tema, del que desconozco el nombre Love & Hate, del álbum Off the grid:

Recupero parte de las declaraciones de la entrevista que les hice por e-mail para la revista Trax, en la que explican su filosofía y la visión del techno de Detroit hoy:

Octave One vs. Random Noise Generation
Myself (Lenny Burden) and my brother Lawrence (Burden) are the main members of both bands, and both bands are electronic bands. With Octave One, we usually produce more synthesizer based music, and with RNG, we experiment with sounds and sample from many different sources. With RNG, we always tried to push a bit more of a stranger edge. Really, it’s more of a production difference, we usually perform live as Octave One/Random Noise Generation. We like to blend the best of both worlds.

New Detroit techno producers
No matter who we are, we all built our music form the same basic building blocks, but how and what it evolves into is up to individual interpretation and experience. We grew up in a different Detroit. The clubs, radio, and general atmosphere we experienced were different. The new Detroit electronic musician interprets this music from his or her own perspective. As an exception, the style and way our younger brothers (Lance and Lorne) make music is a mix of what we have done and what is being done now. They are unique, as they live with a perspective from both times.

Business vs art
We slowed things down radically at our label 430 West. We are still releasing records, Octave One “Somedays” and Random Noise Generation “Rock My Soul”, but we are working more these days on music production. Business and art is a strange mix, but it is called the Music Business. Even as music producers, you must walk the fine line of what is commercially acceptable and artistically fulfilling.

Brothers at work
We are more of a collective, with all of us having every changing duties. We all share the same basic goals. We try and make sure everybody has a chance to express himself, especially on the big decisions. Understanding many things need to be done, rather it be dirty like cleaning the studio or nice like doing this interview, we work together so we can keep making the music we love.

www.octaveone.com
Octave One en Facebook
430 West en Youtube

Leiden Kiel Oslo Bergen Malmo Hamburg

“A mí me gustaría ir al sur, donde haya sol”, me pide Roi desde Leiden, Holanda, donde trabaja y vive desde hace varios años. “Vale, ¿qué te parece Noruega?”, pregunto. Tenemos coche y alojamiento en Suecia y Hamburgo. Además, Octave One actúan en Copenhagen el último viernes. Y así lo decidimos, ferry desde Kiel a Oslo, ruta por Noruega de cinco días, Bergen-Dinamarca en barco, Malmo-Copenhagen y fin de semana en Hamburgo de vuelta a Leiden.

No pisamos Oslo, nos dirigimos hacia el norte y en la primera parada marcamos un destino en el mapa guiados por referencias mitológicas: Jotunheim. Pero nuestro calzado no estaba preparado para una excursión de siete horas a pie cruzando aquel parque natural. Así que decidimos algo mucho más ajustado a nuestros tejanos y zapatillas viejas: Nigardsbreen, la lengua del glaciar Jostedal. De madrugada escuchamos los ríos y el eco del agua de las cascadas, también nos manchamos los pantalones con porquería de la montaña que a través del glaciar, y tras varios miles de años, se había convertido en algo parecido al petróleo. El viaje siguió por carreteras perdidas, y siguieron días enteros en los que apenas había humanos, sólo bosques, lluvia, montañas y ríos, incluso en uno sólo hubo vacas. Y cruzamos parte del Sognefjord, en su parte más estrecha, el Naeroyfjorden. Encontramos un hytte junto a un lago en las afueras de Voss que nos retuvo para el resto del día. Comimos unas cerezas terriblemente amargas que vendían en casetas a un lado de la carretera, y salmón, mal cocinado, con patata y zanahoria hervida. Pero nos llevamos chorizo, que asamos en una barbacoa en un valle perdido, cerca de Jondal. Escuchamos Burial, Moondog y Matthew Dear, y compartimos el vino y el whisky en un camping a quince kilómetros de Bergen.

Cruzamos en ferry a Dinamarca, y en cinco o seis horas nos plantamos en Malmo, Suecia, en casa de Andreas, y Roi se tumbó. Nos llevó por su barrio, cenamos pizza de jamón de parma y rúcula, y acabamos en el Kulture Club de Copenhagen viendo a Octave One. Al día siguiente, Christiania, y al otro nos acostábamos en el barrio de Altona de Hamburgo tras tomar una weissbier. Nuestra última parada antes de llegar a Leiden fue en una gasolinera Texaco, mientras escuchábamos Calexico.