Creo en Chris Carter

Este chaval de la imagen con un jersey de arces es Chris Carter, creador de Expediente X, hace bastantes años. Vive en Malibú, se graduó en periodismo en la California State University Long Beach, también conocida como The Beach, y empezó escribiendo sobre surf. Luego llegarían los extraterrestres, monstruos, locos y conspiraciones. Y ahora vuelve a la actualidad con la segunda película de la mítica serie. No suelo leer opiniones o críticas antes de hacer la mía pero andaba preocupado por un asunto y he entrado en varios foros y blogs. El asunto en cuestión es que en esta película, la voz de Dana Scully no era la misma que en las nueve temporadas de la serie, y me fastidió hasta el punto de plantearme abandonar la sala. Parece que por motivos de salud han cambiado a la actriz de doblaje. Se entiende, aunque no han acertado con el cambio, lástima. La cuestión es que me han sorprendido las opiniones de fans y no fans de la serie. Unos dicen que en esta película no se resuelve nada, otros, que no hace justicia a la serie, y algunos se quejan de que no hay ningún expediente X, ni extraterrestres, ni conspiración. No comparto las quejas, me da igual que haya bichos o no, que el mundo se acabe o sea colonizado por alienígenas. Tampoco me hacen falta explosiones, ni persecuciones, ni sustos. Yo sólo quería volver a ver a Mulder, con su negrura y su sarcasmo, mirando a los ojos azules de Scully, subiéndose a un Ford Sedan y perdiéndose en el bosque.

Es cierto que la trama es prácticamente inexistente y que podría ser cualquiera de los más de 200 episodios de la serie. Y hay episodios especiales, únicos, mucho mejores. Pero qué más da si mis intereses, antes citados, no obedecen a razones. La verdad es que me alegro de que no hubiera una cuenta atrás antes de que un virus infectara al mundo, ni un millón de bichos para dominarlo, ni nada más que una búsqueda personal, dolorosa, inevitable y permanente, que provoca una sonrisa extraña, más allá de los créditos finales. Yo a Chris Carter sólo puedo estarle agradecido.

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Barcelona, 22 de julio de 2008

Querido Andrés,

en breve nos encontraremos tras tu periplo ruso pero déjame inaugurar esta serie de correspondencia explicándote mi tarde de pandereta. Sabes, y bromeas cuando nos cruzamos en gmail, de mi curiosidad hacia el mundo taurino. Pues bien, el domingo estuve en La Monumental. Es la segunda vez que voy, justo un año después de la primera, y creo que tardaré menos en ir a la siguiente. Tengo todavía más interés y sospecho que si por algún motivo, familia o amigos, hubiera estado más cerca de los toros, me podría haber convertido en un gran aficionado. Soy, sin embargo, un espectador atípico, porque voy a La Monumental a ver los toros, con su público y su barra de bar. De sus gentes diré que hay turistas, pero también figuras de época, tipos de espalda ancha y callos en las manos, vestidos con más o menos gracia, desde el modelo jubilado que juega a la petanca a genuinas piezas de coleccionista estilo ganadero de la vieja escuela, con sombrero. Para darle más guasa al asunto nos sentamos junto a una madre y su hija: “Nosaltres no sabem si ens agrada, però és com el futbol, ho has de veure en directe”. Reconocí el acento catalán de Solsona y les pregunté de dónde eran, efectivamente. Un rato después la hija llamaba a una amiga para explicarle que estaba viendo a Francisco Rivera. Mientras, un vozarrón cruza la plaza: “Échale huevos al toro, como haces con los paparazzis”. Y la gente se ríe. Aunque el grito que más me gusta es el de “¡músicaaaaa!” Y la banda, si hace caso, se pone con un pasodoble. Por cierto, qué trágicos que son los pasodobles.

Como ves, el circo está dentro y fuera del ruedo. Pero en la arena hay bastante menos guasa y el duelo con el toro provoca un sentimiento contradictorio. Lo cierto es que el maltrato al animal es una salvajada, lo es. Pero también empiezo a entender porqué el toreo es un arte. Por eso me preocupa más que guste antes que haya o no corridas. Pero no entraré en el debate, hay que madurarlo. Sí te diré que en la plaza los silencios son sobrecogedores, que la imagen del hombre frente al animal es emocionante, y que jugarse la vida buscando la belleza en el movimiento es una de las tareas más disparatadas a las que uno puede dedicarse. Quizás también me atrae lo extraño del festejo, de su liturgia, del reglamento taurino y hasta de sus carteles, anunciando 6 toros 6. Nada más, pronto tendremos ocasión de comentar ésta y otras historias.

Ánimo.

Franco Battiato en el Festival de Cap Roig, Calella de Palafrugell (18/07/08)

EFE

Viste Franco Battiato un traje muy antiguo, de hechura clásica, con chaleco y chaqueta larga, de hace cincuenta años quizás. Y en la cabeza, auriculares, también antiguos. Empieza el concierto con un ordenador, teclados y piano de cola, pero como Battiato siempre está en otro sitio, decide, a sus sesenta y pico años, que en esta gira le acompañen un grupo punk de chicas, MaB, que colaboran en su último disco Il Vuoto (Mercury, 2007). Genial, puede que no exista festival más elitista y aburguesado que el de Cap Roig, y el italiano deja solas a las chicas con el ruidazo de sus guitarras, luego vuelve y canta La Cura sentado junto al piano. Entre el público hay señores y señoras mayores engalanados, pero cuesta imaginar que hace treinta años se gastaban el dinero que ahora lucen con sus joyas, relojes y coches, en discos de este italiano loco. ¿Sabrán o supieron alguna vez de la serie Battiato Sperimentale de los setenta cuando se dedicaba a la experimentación, la electrónica y el sampling? No importa, tienen Nomadi. Ése es el equilibrio de Battiato, el baladista disparatado, el que repite la palabra insondabile y parece tener una cuenta personal con la gravità.

“Hay una luna llena”, dice Battiato señalando al mar, de espaldas al público, “pero vosotros no la podéis ver”. Y sigue cantando, con sus auriculares de telegrafista, Voglio vederti danzare. Aunque apenas baila, cuando se mueve es inevitable identificar al zingari del deserto. Se despide con Centro di gravità permanente y casi todos nos levantamos. Muchos se acercan y bailan en primera fila mientras Battiato recorre el escenario de un lado a otro para darles la mano. Grandissimo.

This is England

This is England (DVD), es una película dirigida por Shane Meadows, y ganadora de varios premios en festivales indie, además de mejor película y director de los Bafta británicos. Producida por Warp Films, la división audiovisual del sello de Sheffield, This is England sigue la estela del British Social Realism que lideran Ken Loach y Mike Leigh. A un lado podría estar Loach con Sweet Sixteen, por ejemplo, y al otro, Trainspotting o 24 Hour Party People. This is England se situaría entre estos dos grupos pues el peso de la ambientación estética y musical choca con el hiperrealismo.

Esta es la historia de un chaval de 12 años, a principios de los 80, en la era Tatcher, en una sociedad con paro, inmigración y una guerra, la de las Malvinas, en la que muere su padre, soldado. Recién mudado con su madre el crío encuentra refugio en un grupo de skinheads que visten Ben Sherman y escuchan The Specials. Efectivamente, no son racistas, ni nacionalistas, ni nada. Pero el grupo se divide. Lo cierto es que pese a lo fácil que es intuir el planteamiento desde el principio de la película, el retrato de los personajes supera la descripción del movimiento skinhead para ahondar en sus miedos y necesidades emocionales. La interpretación del pequeño Shaun (Thomas Turgoose) es sobrecogedora, como la del skinhead malo, Combo (Stephen Graham), brutal, con lágrimas y puños cerrados.

La música es brillante, Toots & The Maytals y The Specials. Pero si a esta película le sobra algo es el exceso de cursilería en la combinación de escenas y planteamiento musical. No hace falta un piano épico y un plano de las olas del mar para estrujar la sensibilidad, creo que el peso de la historia es más que suficiente. La fotografía es excelente pero claro, el resultado es muy indie, triste pero bonito. Es lo menos interesante del filme, como si fuera una licencia para asegurar el tiro. Si no, quizás no hubiera ganado tantos premios ni habría llegado al “Deuvedés” de la calle Martínez de la Rosa, ni yo la hubiera visto ayer, ni estaría escribiendo estas líneas. Y además, el ska mola.

Me estoy volviendo loco

Tengo una computadora conectada a una mesa de mezclas a través de la salida minijack a RCA, otro equipo lo tengo configurado para una tarjeta de sonido a través de firewire y luego doble jack a RCA. En el ordenador escucho básicamente la música de Itunes y algún CD. Si quiero escuchar música en el salón puedo poner CDs en la cadena pero para escuchar la música digital tengo que llevar el ordenador o el ipod y conectarlos al in de la cadena con un cable minijack a RCA. En el coche pequeño el ipod se puede conectar por USB a la radio pero no lee los configurados con mac, y en el grande hay que usar un casette con cable. Sólo tengo acceso a la biblioteca iTunes en un ordenador, y utilizar otra biblioteca sería un caos. La mayoría de las veces exprimo la música de iTunes en detrimento de los CDs, en mayor número, variedad, calidad, y que en un año he movido tres veces de sitio, además, la mayoría de cajas están vacías y los discos en fundas.

Para hacer un recopilatorio ya no tiene sentido hacerlo en CD, nunca me han gustado los CD-Rs aunque quizás era más práctico que ahora, pero es que hay ordenadores que ya no llevan lector de CD, ni coches, ni personas. Si grabo un CD a alguien, en el mejor de los casos lo pasará a mp3 y lo escuchará en el iPod o el ordenador. ¿No puedo pasarlo directamente en formato digital? Sí, puedo comprimir una carpeta con diez temas y colgarlo en yousendit o similares, pero es demasiado descarado y más pesado que llevar un CD en la mano hasta casa. Además, es complicado manejarse con los DRM (la piratería es otro tema), y la calidad del audio comprimido es un desastre para disfrutar la música en general, y según qué estilos, más. Así que en varias ocasiones he optado directamente por mezclar los temas en wav con Ableton Live. Pero ¿qué hago luego con un archivo de más de 1 GB? ¿Llave USB? Además, no se apreciará la diferencia del wav escuchando la música del ipod en el autobús o desde altavoces de ordenador.

Esta semana en una tienda tenía varios discos en la mano y camino de la caja, me paré para mirarlos. ¿Qué estoy haciendo? ¿Sigo acumulando CDs? Tampoco puedo llenar el disco duro de wavs, me gustaría no tener que arrastrar uno externo y hay poco catálogo online de gran calidad. Hay que esperar, ¿pero a qué? ¿discos duros de más capacidad? ¿otros formatos de compresión? ¿que pueda tener mi colección online, de calidad, sin necesidad de descarga? Y ¿qué se puede hacer mientras?

Sleeparchive @ BeCool, Barcelona (5/07/08)

“Vivo en Berlín, y soy un berlinés auténtico, del este”. Hace tres años entrevisté a Richie Hawtin para la revista Trax con motivo de la publicación de DE9-Transitions, en aquella época algunos creíamos que detrás de varios maxis firmados por un desconocido Sleeparchive, podía encontrarse el canadiense, y se lo pregunté. No era la primera vez que se lo comentaban y me contestó riendo, con cara de no tener motivos para explicar si era él o no aunque sabía la verdad. Un tiempo después conocimos el nombre que se escondía detrás de Sleeparchive, Roger Semsroth, y creo, incluso, que antes se hizo más popular otro seudónimo, Stephan Metzger. Sleeparchive, que prepara su décima referencia, ha conseguido desde entonces que pasemos de reconocer las referencias de Plastikman, Pan Sonic o Basic Channel, a identificar un sonido propio.

Nunca le había visto en directo y tampoco había estado en BeCool. Encuentro a Roger Semsorth sentado en una esquina con una cerveza y en la pista un grupo de teenagers de la zona alta: “No parecen muy metidos en el techno, pero tienen ganas de tomar algo y pasarlo bien”, comenta. Pensando en el efecto del techno oscuro y minimalista de Sleeparchive, bromeo sobre un live suyo en Ibiza: “Estuve el año pasado con Chris Liebing, pero no voy a volver”. Explica que le llaman mucho de Ucrania y Rusia pero apenas actúa fuera dos o tres noches al mes. Le cuento mi anécdota con Hawtin sobre su identidad y también ríe, dice que le da lo mismo que le conozcan o no, es más, últimamente se está cansando de dar entrevistas, creo que no le gusta tener que explicar nada más que a través de su música. Le pregunto si vive de ella: “Sí”. Eres afortunado: “Bueno, no lo sé”.

Se sube a la cabina y empieza el directo, enorme, finísimo, lento, industrial, suena bien en ese club, pequeño y con techo bajo, su música es íntima. En este vídeo del Bloc Weekend hay siete minutos de música que bien podrían haber sonado en BeCool. Me gusta que en el directo mantenga el tempo del estudio, su adaptación al club pasa por diseñar un discurso horizontal de muchas piezas y variaciones, sin desniveles, y es incluso delicado, todo lo delicado que se puede ser en un techno tan frío y ruidoso como el suyo.

Hadron EP (Sleeparchive):

Baryon

[audio:http://www.sleeparchive.de/listen/zzz08/baryon.mp3]

Meson

[audio:http://www.sleeparchive.de/listen/zzz08/meson.mp3]

QCD

[audio:http://www.sleeparchive.de/listen/zzz08/QCD.mp3]

The Office

Copyright Darren Smith and licensed for reuse under this Creative Commons Licence.

Foto: Darren Smith

David Brent es el jefe de una oficina de una empresa de papel en Slough, Gran Bretaña. Un hombre que “nació para poner una sonrisa en el mundo”, enamorado de sí mismo, egocéntrico, cruel, racista e incapaz de hacer nada más útil que reir, pero no a sus empleados, hartos de sufrirle, sino al espectador. The Office es de culto porque no se parece a ninguna otra serie y porque sólo tiene dos temporadas de 6 episodios. Ricky Gervais, actor que interpreta a David Brent, es el creador de esta producción de la BBC, nunca emitida en España y que Cameo acaba de editar en DVD. Gervais, humorista británico de tradición y co-autor de otra serie de culto como Extras, destripa en The Office el día a día en una oficina que debe recortar personal con un majara al frente.

The Office es una serie de ficción rodada como falso documental, en la que los personajes advierten la presencia de la cámara y creen proyectar un yo ideal que en lugar de ensalzarles destapa el absurdo y las miserias de su trabajo y de su vida. Y nos reímos, porque reconocemos el ridículo, porque nos acordamos, porque ante el desastre sólo queda reir. Sutil, a veces, y exajerada, la mayoria, The Office entra en las relaciones sociales, el amor, el sexo, y todo lo que pueda ocupar tiempo en la mente de los que alguna vez han trabajado en una oficina 8 horas.

Tras el éxito de la BBC, la NBC importó el modelo a USA, con Ricky Gervais como productor. Transformaron al jefe británico David Brent en el americano Michael Scott, interpretado por Steve Carrell y adaptando algunos elementos a la realidad yanqui. El resultado es tan brillante como en la versión original. En España ha empezado a emitirla La Sexta pero esta serie es imprescindible verla en VO, por el slang que utilizan y el trabajo de dos monstruos como Gervais –primera escena– y Carrell. Con casi 400.000 entradas el vídeo más visto en YouTube de la versión inglesa es la escena en la que se encuentran en una sesión de formación interna sobre el trato con el cliente. David Brent acaba explicando su pasado musical e interpreta Free love on the freelove freeway. “Racial, so…”

Actualización 12:51 13/07/08: Los dos capítulos especiales de Navidad y los extras elevan esta serie a la categoría de obra maestra. Ahora bien, después de ver los documentales, entrevistas y entregas de premio, creo que el sentido común y todo lo formal corresponde a Stephen Merchant, co-autor y co-director de la serie, mientras Ricky Gervais es un animal descontrolado. No puedo evitar recordar esta escena como una de las más brillantes. “Don´t care!”