Periodistas, hackers y un tiburón

Camino de la playa entro en un quiosco buscando lectura para entretener los calores y pruebo con la revista Esquire, de la que leí una crítica interesante recientemente. Quito el plástico, aparto el suplemento de no sé cuántas decenas de páginas sobre relojes y le hecho un vistazo. Encuentro un artículo de Mario Tascón -periodista, lanzó elmundo.es, fue director de contenidos de Prisacom y acaba de lanzar Dixired, una factoría de medios digitales- sobre el periodismo analógico vs. digital y los nuevos hábitos del consumidor: “Hoy vemos la tele con el portátil en las rodillas, curioseando YouTube y chateando”. Tascón, además, reinterpreta el ideario hacker publicado por Steven Levy en 1984 sustituyendo la palabra hacker por periodista y adoptando el manifiesto como libro de estilo de un medio digital:

A. Entrégate siempre al imperativo de transmitir. El acceso a ordenadores y a cualquier otra cosa que pueda enseñarte cómo funciona el mundo debe ser ilimitado y total.
B. Toda la información debe ser libre.
C. Desconfía de la autoridad. Promueve la descentralización.
D. Los hackers (periodistas) deben ser juzgados por su hacking (su manera de hacer, sus acciones), no por criterios falsos como títulos, edad, raza o posición.
E. Puedes crear arte y belleza en un ordenador.
F. Los ordenadores pueden cambiar tu vida a mejor.

Mientras pienso en lo romántico de la declaración y si desconfío más del poder que de la autoridad, oigo alguien que grita: “¡Una gaviota ha pescado un tiburón!” Me giro -como media playa- y efectivamente, hay un pájaro enorme con un pescado en el pico, pero dudo que se tratara de un tiburón. Mientras los niños corren hacia el espectáculo, un abuelo ajeno a todo se acerca y me pregunta si le presto el periódico, se lo doy y se tumba aprovechando la escasa sombra que proyecta mi silla plegable. Hay hábitos que no cambian.

El incidente de Shyamalan

AP Photo/Gautam Singh

Primero reconoceré que soy fan de M. Night Shyamalan, pero lo soy por motivos que no han convencido en algunas conversaciones sobre este director. Y lo entiendo, porque lo que me gusta de Shyamalan es que hace lo que le da la gana y lo hace de una forma especial, lo que le convierte en un creador único. Ahora bien, ni mucho menos puede compararse con Hitchcok, como he leído más de dos veces. El sexto sentido ya pasó a la historia y El protegido puede envejecer bien, pero Señales, El bosque o La joven del agua, no son excepcionales, y pierden en visionados posteriores. Aún así mantengo mi condición de fan, a veces es un personaje, una escena, un vestido, un gesto… Y otras es todo lo anterior a la vez, durante más o menos tiempo, pero con la intensidad suficiente para hacerte contener la respiración, suspirar o sonreir.

The happening, traducida en América Latina como El suceso y en España como El incidente, es una película atípica. Shyamalan aprovecha la confusión para entretener durante hora y media: ¿Qué ocurre? y ¿por qué? Eso es todo. Butaca, palomitas, una historia original y una pregunta para hacernos. El tiempo que le dediquemos a responderla ya depende de cada uno, en mi caso poco. Como novedad, Shyamalan incopora dosis de violencia como nunca se ha visto en sus películas, y sorprende, y asusta. Hay escenas que son magistrales, muy por encima del conjunto de la película, de ese tipo que hacen que siga atento a su trabajo, aunque en este caso haya menos.